Chavela Vargas y la trascendencia

El Musiquiátrico rinde tributo a la irrepetible cantante del amor y el dolor

Se fue, pero no del todo. Con las botas puestas hasta el fin, cual obrera del arte, Chavela Vargas dijo adiós para pasar a formar parte, como marcaba su creencia, de la naturaleza. Excepcional, por otra parte, la suya propia, la del tequila y la madrugada, la de la sabiduría que, ya lo dijo el Robe, da el fracaso. Para acabar triunfando y ser, como dijo una amiga, “la mujer más moderna del siglo XX”. Y parte del XXI y de los que estén por venir.

Es probable que, como ocurre con el flamenco, más de uno se viera sobrepasado, o extrañado quizá, por la dureza de su voz ante la primera escucha. Es lo que tiene haber sido una eterna contracorriente, tanto en términos musicopáticos como en lo que se refiere a actitud vital, en ámbitos reservados a los hombres. Por eso, en las canciones que ha abordado siempre asoman vida y muerte, destacando la íntima relación entre ambas y considerando a la última como un trecho más en nuestra trayectoria vital.

De esta forma, la que se ha ido, aunque seguirá presente en mentes y cantinas, en presidios y en trances de incierto resultado, ha sido y es una de las voces más determinantes de Latinoamérica, si bien Europa, y en especial España, no han dudado en asumir su legado. La prueba es el esfuerzo de Chavela para, con 93 años, unirse a Miguel Poveda, Martirio y Raúl Rodríguez en el recital que ofrecieron en la Residencia de Estudiantes con la excusa del disco que la mexicana de adopción dedicó a Lorca.

Sea como sea, lo más recomendable es escuchar con atención a la paloma negra como receta para desenvolvernos en la vida y no perder la perspectiva. Mucho se ha escrito tras su transición, como hacen los chamanes, y seguro que mejor que aquí. Pero la realidad es que su música va mucho más allá, y puede complementarse con sus declaraciones, ejemplo de vitalidad, principios y briega. No es tiempo de ser como “La llorona”, sino de celebrar los años que la hemos tenido entre nosotros y escucharla una y otra vez. Por siempre.

 

Author: diegosanchez

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