ISO

Identidad SOnora

Algunos estaréis familiarizados con el término ISO referente a la informática que, por definición, se refiere a una copia o imagen exacta de un fichero o grupo de ficheros. Pero no venimos a referirnos a esto, aunque sí guarda cierta relación.

En la actualidad, me encuentro inmerso en la investigación sobre la Musicoterapia en el ámbito educativo. A raíz de esta investigación y de la curiosidad previa, me planteaba cuáles pueden ser las conexiones que se establecen entre la música y la mente, ¿por qué se nos ponen los vellos de punta al escuchar aquella canción?, ¿por qué la música amansa a las fieras? (o eso dicen), ¿por qué Hans Christian Andersen dijo “dónde fracasan las palabras, habla la música”? Queda patente una tradición popular de este efecto directo de la música sobre el ser humano. Incluso diferentes estudios nos exponen cómo la música ejerce una influencia directa y se utiliza para condicionarnos en nuestro consumo: música clásica para gastar más en restaurantes, músicas rápidas y lentas alternadas para condicionar la productividad de los empleados, o de volumen elevado para consumir más (evitando las conversaciones) en los bares de copas, entre otras que podéis revisar en el siguiente artículo ( http://moodmixes.es/advice ).

Pero retomemos el concepto ISO. Rolando Benenzon es una eminencia en la disciplina de la Musicoterapia, y os animo a consultar cualquiera de sus escritos si estáis interesados en ella. Este autor es el que nos define el concepto ISO, que viene a ser algo así como hacer coincidir el tempo de la música con el tempo mental. Las finalidades de esta conexión son innumerables. Desgraciadamente, en esta sociedad de consumo, se han establecido previamente cuáles pueden ser los beneficios que aporten al enriquecimiento de los negocios como se describe en el artículo citado anteriormente. Las posibilidades para la educación, la rehabilitación e, incluso, el condicionamiento prenatal que supone el uso de la música (y de los sonidos) también abarca un amplio campo. Pero de forma individual, y mayoritariamente inconsciente, cada uno de nosotros aplica el concepto ISO de la Musicoterapia consigo mismo. Acaso para hacer ejercicio explosivo ¿no buscamos ese temazo trallero pasado de revoluciones?, en los momentos de tranquilidad ¿cierto que le damos al play a aquella pieza que consideramos gran obra musical por excelencia?  ¿y esa letra melancólica a la que recurrimos en nuestros momentos de tristeza?

Cada vez que acudimos intencionadamente a una pieza musical, nos estamos auto-aplicando el principio ISO de la Musicoterapia. Estamos conectando nuestro tempo mental con el de la canción para sentirnos arropados por los fenómenos musicales, para prolongar o evitar un estado anímico. Cuando un bebé busca apoyarse en el pecho de su madre para oír los latidos de su corazón y sentirse seguro, también lo está aplicando. Y es que el ser humano necesita de la música, de su creación, ejecución y audición.

Hay músicos que poseen el don de crear su obra y otorgarle el tempo correcto para lo que desean transmitir. No todos coincidiremos en cuál defiende mejor esa labor, porque cada uno tiene su ISO, su tempo y su gusto personal. Yo, por mi parte os dejo uno que creo que sí: Ocean – John Butler.

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Author: Dr. Ruido

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