Los Toreros Muertos y Pablo Carbonell | 30 años de éxito

Los Toreros Muertos vivieron como nadie la Movida Madrileña, y murieron con ella para resucitar con el tiempo.

Nuestro ejercicio Musiquiátrico del día está planeado para reforzar nuestra memoria a largo plazo a la vez que recuperamos emociones que se estaban quedando obsoletas dentro de nosotros.

Años 80, la España de la transición reluce con más fuerza que nunca, el arte ebulle en cualquier rincón de cualquier ciudad en cualquiera de sus formas.

La “Movida Madrileña” se instauraba como un ejemplo a seguir por todos los jóvenes que se aventuraran a querer ser alguién más que un simple borrego. Y de ahí surgieron algunos de los grupos que más se oyen tras las puertas del Musiquiátrico.

Uno de estos grupos, que nunca pasó desapercibido, ni por sus ideas ni por sus formas, fueron Los Toreros Muertos. Y por eso forman parte de la historia reciente del Rock español y ahora del Musiquiátrico.

Los Toreros Muertos eran antitodo, luchaban contra el borreguismo y el aburrimiento con todas las armas que se le ocurrían. Su música es simplemente alguna forma desconocida de rock surrealista con pinceladas barrocas. Y todo con el único fín de no pasar desapercibidos.

A principios de los ochenta, en España los tiempos habían cambiado, y las juventudes ya no querían seguir oyendo a Marisol y Joselito, ellos querían romper con todo lo anterior, y desde luego lo hicieron.

Pablo Carbonell, el bajista Many Moure y Guillermo Piccolini a los teclados, formaron Los Toreros Muertos en 1985, y en 1986 publicaron su primer disco de larga duración “30 años de éxitos“. Donde cosecharon éxitos para los siguientes 30 años, entre otros “Mi agüita amarilla“, “Soy un animal” o este “Yo no me llamo Javier“.

En esa época, grupos tan transgresores como Los Toreros Muertos salían en la televisión pública, y no sólo en horario infantil, sino en el programa más de moda por aquél entonces: La Bola de Cristal.

A finales de los años 80, los Toreros Muertos cruzaron el charco y se fueron a torear a las plazas de Colombia, donde llenaron estadios como en aquél Concierto de Conciertos de 1988 en el que tocaron junto a Los Prisioneros, Miguel Mateos, Timbiriche o José Feliciano.

La historia de Los Toreros Muertos acabó como la “Movida Madrileña” a principios de los 90, aunque con el tiempo, sus canciones pasaron de ser éxitos a ser himnos, y todavía hoy en día la gente sigue cantando sus letras, aunque ya ni recuerden que eran suyas.

Pero la muerte de los Toreros Muertos no sería definitiva, ya que en 2011 se “arrejuntaron” de nuevo para tocar en el Festival Colombiano “Rock al Parque“, con una gran acogida el todo el público, que coreó sus letras como ya hicieran veinte años antes.

Aunque este grupo jamás podrá borrarse de nuestra memoria, mientras su polifacético y carismático líder y vocalista de la banda, Pablo Carbonell, siga animando, ilusionando y entusiasmándonos con cada una de sus apariciones en público, ya sea como humorista, presentador, actor o director, como en esa preciosa película en la que hace un poco de todo esto y mucho más: Atún y Chocolate.

Y así nos despedimos de Los Toreros Muertos, orgullosos de alquilarles una lápida a largo plazo en nuestro concurrido cementerio particular del Musiquiátrico.

 

Author: Dr. Evo Fdez.

Musicópata de nacimiento, sus padres notaron algo raro en él cuando de pequeño lloraba afinado, por eso lo mandaron internado al Musiquiátrico aún siendo un niño. Hoy, muchos años después, se ha reconvertido en un monstruo musicopático, ávido de devorar todos los injertos musicales que se pongan a su alcance.

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