Míticos del punk: Manolo Kabezabolo, estandarte musiquiátrico

Rebuscando por los rincones del Musiquiátrico unas cajas de narcóticos extraviadas, nos hemos encontrado a un veterano de tal calibre que no habíamos reparado en él, oculto tras una pila de guitarras eléctricas desguazadas, empapado de “resina y agua”, y con un “pestazo a ajo” que se escapa de lo humano.

Hablamos sin duda de nuestro querido Manolo Kabezabolo, un paciente de primera en nuestras salas, y todo un estandarte de nuestra institución musiquiátrica.

Desde que tocara sus primeros ‘discordes’ por Zaragoza con guitarras prestadas y dar más que un disgusto a su padre, de profesión militar, Kabezabolo ha recorrido ciudades y pueblos, festivales, baretos y antros de medio mundo pisando un suelo que nunca volvió a ver la hierba y violando la rítmica, la melodía y la poesía con su particular forma de expresar el coraje, la burla, la ironía, a lomos del punk más auténtico que pueda engendrarse desde “el aborto de una gallina”.

Es evidente que el propio título de su primera maqueta deja claro que la música de Manolo y su guitarra no es para todos los públicos. ‘P’a los kolegas’ (1989) abre una inescrutable discografía llena de ácido y sátira que marcará con fuego la historia musiquiátrica española y del mundo entero. ‘D’Empalmada y a pufo’ (1992), y después, ‘¡Ya Hera Hora!’ (1995), lo que sería su primer y último disco en solitario antes de que los astros se alinearan y naciera ‘Manolo Kabezabolo y los que se van del bolo’, en 1996. Pero la vida cobra altos impuestos a los grandes genios, y sólo un año después de sacar su segunda maqueta, Manolo Kabezabolo fue internado en un psiquiátrico madrileño a causa de un brote esquizofrénico grave, y en consecuencia, una depresión profunda provocada por no poder seguir tocando. Hasta el 2000 estuvo en el centro, pero gracias al  Dr. Bouza, pudo comenzar a salir los fines de semana y hacer algunos conciertos poco tiempo después de su ingreso. Y cómo no, nuestro romántico amigo le dedicó una canción.

Gracias a estos permisos del psiquiátrico, Manolo fundó su mítica banda, ‘Manolo Kabezabolo y los que se van del bolo’, con la que grabó siempre con grandes colaboraciones ‘La Nueva Mayoría’ en el 97, ‘Resina, agua y ajo’ en el 99, y ‘2001: La odisea va despazio’, en el 2011; dejando en nuestros archivos neuronales un legado musiquiátrico de incalculable magnitud. ‘Aversiones’ (2006), ‘Kagate Kid’ (2008), ‘Veintegenarios’, o con el papel de Steak Thomas en la película ‘Shacky Carmine’ (1999); Manolo Kabezabolo nunca nos ha dejado de sorprender con su particular “terrorismo controlado”, y siempre tendrá un hueco en las consultas del Musiquiátrico.


Author: Dr. Galsía

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